lunes, 21 de marzo de 2011

Pillados

Eran habituales de los sábados por la tarde. Tendrían, no sé... trece o catorce años, aunque con esa altura pasarían por dieciséis. El que parecía el jefe exhibía un flequillo desafiante a fuerza de gomina. Los otros, el pelo casi rapado y el uniforme habitual: camisetas deportivas, pantalones caídos y anchos, y zapatillas de imitación de las de 120 euros.

Comenzaron su periplo por la tienda de discos pero no permanecieron más de diez minutos. El hecho de que en la columna sólo tuvieran dos auriculares, y que en la selección primaran más los éxitos de ventas que las últimas tendencias en el rap urbano o en alguna modalidad de bakalao, les hizo cansarse pronto de pulsar reiteradamente la tecla de avance rápido.

El Real Madrid y el Chelsea fueron los elegidos. Y de nuevo, el chaval más gordito tuvo que esperar a que uno de los dos perdiera por dos a cero. Continué haciendo la ronda y al cabo de media hora, allí seguían, haciendo ostentación de su toque de balón y de su virtuosismo en el manejo alternativo de las pequeñas teclas. Estuve a punto de decirles algo, porque otros chavales merodeaban por la Play sin atreverse a comentarles nada. Pero la intervención de un padre de dos niños expectantes fue suficiente. “¡Venga, dejad jugar ahora a éstos, que ya lleváis un buen rato”.

Tras los partidillos nada mejor que reponer fuerzas, así que subieron a la segunda planta dudando entre el Pizza Fast o el Burguer Cheap. Una vez que los vi sentados, con el combo especial (hamburguesa de tres pisos, coca-cola y patatas) de 1,99 euros, me olvidé del trío.

No parecían de los problemáticos, de los que se atracan de golosinas en los rincones sin cámara de los supermercados, o los que ojean disimuladamente los bolsos de las señoras que cuelgan del brazo cuando empujan los carros. Por eso dudé al principio. Pero estaba claro que algo tramaban con ese subir y bajar escaleras. Me costó entenderlo, pero al ver al de la cresta situarse detrás de las chicas en la escalera mecánica lo vi claro. Subí a la segunda para pillarles sin que tuvieran opción a la huída y llamé a Marcos por el walkie para que se quedara en la primera, por si echaban a correr escaleras abajo. La trampa estaba tendida. Ahora sólo había que darles un margen para que siguieran confiados. Cuando vi a la rubia de la minifalda vaquera me dije: “Ésa no se les escapa. Y éstos a mí tampoco”.

Más de una veintena de braguitas, imperceptibles tangas y misteriosos pantys se acumulaban en la carpeta de imágenes de aquel teléfono móvil.

—¿Pero no os da vergüenza?... ahora mismo llamamos a vuestros padres... porque de aquí no os vais hasta que no lleguen ellos... Eso, si no damos parte a los municipales para que os pongan una multa por conducta indecorosa y violación (al oír esa palabra incluso yo me asusté) de la intimidad de las personas. (Hay que ver de lo que sirve el temario).

Ante el silencio y la mirada caída de los otros dos, el gordito avanzó un paso.

—Perdone, pero no es lo que usted está pensando. En el instituto han convocado un concurso de fotografía creativa y hay una modalidad de “imágenes con riesgo”. Ya sabe, como los reporteros de guerra y eso. El premio es un ordenador y un lote de libros... pero vamos, que si tiene alguna duda, nada... borramos las fotos y nos olvidamos...

Casi sin darme opción, me cogió el móvil y empezó a trastearlo. Miré a Marcos y me guiñó un ojo.

—Chaval, —le dije poniendo mi mano en su hombro— no sé si alguno de éstos serán algún día fotógrafos famosos, pero, de lo que no tengo ninguna duda, es que tu serás político o escritor... Habrá que ver si desarrollas este talento en la oratoria o la narrativa.



5 comentarios:

Panafricanparl dijo...

Pocas veces se ha conjugado en tan poco espacio la elegancia de la prosa con el estilo divertido, directo y sin complejos de nuestro querido Alberto. Una vez más nos abre la puerta a su lado más cutre-salchichero, ese lado "Torrente" que sabe darle al pubelo lo que más le gusta: historias sencillas y pérfidas con "coup de théâtre à la Rodrigo".

Anónimo dijo...

Muy divertido el relato, fotografía de riesgo jajaja con un par!

Espia dijo...

A mi me parece que se desinfla un poco al final, pero está bien. Gracias en todo caso por los regalitos!

la damita dijo...

Diria que el cuento trae una interessante justificativa para el clasico de las ojeadas masculinas sobre las alturas de las escaleras mecanicas...
Que puede ser más actual que la instigante propuesta de reinventar la vida... ya decia una escritora brasileña.... la Vida solo es posible reinventada... Asi que un brindis a Alberto Rodrigo que nos proporcionó esta reinvención....

Anónimo dijo...

anda que...