
Si quieres, puedes bailar conmigo...
bailar esta danza de máscaras,
en la que ni tú ni yo
conocemos el disfraz;
tan sólo el espejo
de mi sensatez
retuerce, a veces, tu imagen
hasta hacerla desaparecer.
Ríe, ríete conmigo...
y de mí también,
para que tus labios
dibujen lo que no quiero oír:
que la farsa ha comenzado
y yo soy el invitado,
que la estupidez
llega en blanca limousine,
que el disparate se cuelga del brazo
y el sarcasmo es el mejor trago.
Ven, vete... ven aléjate de mí,
no es necesario
que lo hagas deprisa.
Vete, ven... acércate a mi,
que giraré a tu alrededor
pasos de un nostálgico vals,
que ni tú quieres,
ni yo puedo bailar.



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