
Nunca me gustaron los deportes, y mucho menos los solitarios, por ejemplo: correr. Tampoco me dio nunca por ir al gimnasio, así que no puede decirse que fuera un espermatozoide atlético. Si alguna ley marcó mi adolescencia esa fue la del “mínimo esfuerzo”.
No es de extrañar que cuando me encontré con todos aquellos colegas enfundados en mallas, con los dorsales numerados y los chips en las zapatillas, me fuera rezagando hasta quedarme en las últimas filas.
Dejé que salieran atropellándose y me distraje tomando una cerveza. Fue mucho más fácil y divertido dejarme deslizar por el tobogán una vez que retiraron la lona.



3 comentarios:
Este es uno de los mejores cortos de Alberto en los últimos 25 años...tiene garra, fuerza y tensión hasta la última línea. Espero que le den algún premio...
Tus agudos (y acertados) comentarios son el mejor premio... merci mon ami!
Genial! Un abrazo!
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