sábado, 6 de febrero de 2010

The Vernor's snores (IV)

Foto: Linda Giddens

La jornada había sido completa. Habíamos pasado el día en un paseo agradable a bordo de un barco fluvial -similar a los que surcan el Mississippi- y por la noche habíamos asistido a la recepción que había organizado en nuestro honor el Presidente Grant (el rector de la Universidad). A eso de las diez, la fiesta había terminado, pero para los latinos esa era todavía una hora demasiado temprano para regresar al hotel. Nos quedamos un pequeño grupo que, bajo la tutela de Jenny, decidimos tomarnos unos tragos en “The blind pig”, uno de los pocos bares de la ciudad.


Tras unas partidas de pool y otras tantas cervezas nos encaminamos, andando, sí, sí, andando, walking, (no tardamos más de 10-12 minutos) hacia el hotel. Aunque era todavía temprano, calculo que cerca de la 1, no hubo posibilidad de tomar la última (no bar, do you remember?) así que decidimos despedirnos y subir a las habitaciones. Busqué la tarjeta y aparecieron dos de crédito, la del Corte Inglés, la de la Seguridad Social, la de la Compañía de accidentes, la prepagada de ATT, otra de Telefónica... aquí está, no, no, ésta es la del Holiday Inn de Orlando... vuelta a comenzar... Tras la segunda vuelta empecé a temer que mi despiste habitual con las llaves tuviera también efectos con las tarjetas de plástico. No era descabellado pensar que podía haberla dejado en la habitación, o en un bolsillo de la cartera que suelo llevar colgada en bandolera. Repasé de nuevo todos los posibles habitáculos que pudieran contenerla y nada. En esos momento mi mano derecha actuó de forma autónoma yendo directamente al bolsillo trasero del pantalón. Respiré.

La habitación estaba a oscuras y el aire acondicionado soltaba un chorro de aire frío. Además hacía un ruido considerable. Para no tener que encender la luz descorrí un poco las cortinas dejando que el fulgor de la luna y la iluminación nocturna del hotel resplandecieran lo suficiente la habitación. A los pocos segundos percibí el bulto adormecido de Vernor (in his bed). Me desvestí procurando no hacer ruido y procedí al ceremonial nocturno. Me metí en la cama y miré el reloj, la 1,15 a.m. (7,15 hora de España). Cerré los ojos y esperé que viniera el sueño.

Esperé y esperé. Mientras esperaba me pareció escuchar junto al sonido del ventilador del aire acondicionado, otros sonidos que provenían justo del otro lado. Decidí levantarme y apagar el aire. ¡Hell, shit, son of the beach, fuck you… y todos los tacos que me sabía! No puede ser... me cago en mi suerte... joder... Eran snores. No sé como se dicen en castellano. Son esos ruidos que nacen como silbidos y se van volviendo más graves, ruidos que se repiten en secuencia y que el sujeto no controla. Snores les decimos nosotros. Bueno pues Vernor snoreaba. A los quince minutos decidí encender de nuevo el aire acondicionado porque prefería que se me resecara la garganta, que me dieran un ataque de lumbago o que me cogiera un resfriado de padre y muy señor mío, pero que el ruido, que antes había calificado de molesto, atenuara los malditos snores. Quince minutos más tarde los sonidos se habían acoplado de tal manera que aquello parecía una maqueta de música repetitiva. No había más remedio que echar mano a los remedios tradicionales. Chasqueé la lengua varias veces, como arreando a un caballo imaginario y nada. Probé a toser, para disimular, pero nada. Ni siquiera una momentánea interrupción. Bueno, tranquilo, no pierdas los nervios. A lo mejor si cambia de postura cesan los snores. Es cuestión de esperar, ya verás.

Y Vernor se dio la vuelta y se quedó mirando para el techo. Los snores aumentaron y cambiaron de registro. Ahora sonaban como ahogos, como lamentos de ultratumba, como si la garganta y la nariz vernorianas estuvieran acosados por el mismísimo Freddy Krugger o el de la motosierra de Texas.

A las tres de la mañana decidí levantarme y darme una vuelta... quizá vuelva a moverse, quizá sea solo al principio, quizá si me entra mucho sueño no los oiga. Salí al pasillo y me distraje contemplando la piscina. Si hubiera algo de luz junto a las mesas, me bajaba uno de los libros que eché en la maleta o me ponía a hacer crucigramas. Voy a darme una vuelta por recepción... ¿en pijama?... bueno, es un pantalón corto y una camiseta. Bajé a la recepción y vi a un tipo neg... digo afroamericano, muy alto, puesto que le sobresalían del sofá dos enormes zapatillas de baloncesto, tumbado de lado que, o dormía, o se hacía muy bien el dormido. Me acerqué hasta la máquina de soft drinks y curioseé las ofertas: Coke, Coke light, Coke No Cafeine, Sprite, Sprite-diet, Seven Up... Todo a un dólar cincuenta. No beers, bières, nao birras ni por supuesto... cervezas. Subí las escaleras y me encontré de nuevo frente a la puerta. Pegué la oreja. No se oía nada. Alborozado introduje la tarjetita y abrí la puerta. Vernor miraba ahora hacia el interior de la habitación y los snores sonaban más débiles. Es el momento, aprovecha, me dije para animarme. Me introduje rápidamente bajo las sábanas y cerré con fuerza los ojos; mi mente intentó perderse por todos los vericuetos que pudieran tener algo de somníferos. Media hora más tarde miraba de nuevo el reloj, eran las 4 menos diez. Faltaban sólo unas tres horas para desayunar en los Commons de la Stanton University. (To be continued)

6 comentarios:

Cristal dijo...

ay! pobre es que los snores son una putada ¿por qué no prueba a taparle la nariz? yo lo he probado y no va mal (si obviamos el momento en que se ahogan ....)

Irene dijo...

Yo le hubiera puesto encima una almohada como mínimo, menudo petardo... Definitivamente este hombre es un santo, después de estas experiencias tan traumáticas ¿qué será lo próximo?. Yo creo que necesita un respiro.

Afroparl dijo...

Hey man, the blind pig is a f*ckin sh*t... try the brown meat, it will give you a "subidón" ;-)

PS: how many parts tiene esto?

Estoy perdido dijo...

Yo creo que la metáfora de esta parte es: quién controla al controlador?

Alberto Rodrigo dijo...

Vuestras sugerencias son adecuadas y pertinentes, algunas se intentaron, pero la solución vino por otro lado... la semana que viene más...

Muchas gracias por vuestros comentarios y saludos,

Anónimo dijo...

Supongo que esta semana habrá también entrega ¿no?