jueves, 21 de enero de 2010

The Vernor's snores (II)


Sí, hemos tenido una hora de retraso... o sea que Jenny acaba de regresar ahorita, vaya ¡qué pena! ok, pásame con Carlos… Sí, dime... pues estoy en la segunda planta… en qué terminal?, pues no sé, donde llega US Airlines... Oka, que envías a alguien a buscarme a la salida A-19, de acuerdo, A-19, en cinco o diez minutos... okeeeyyy!

Salí a la segunda para ver si veía lo de los postecitos con signos alfanuméricos pero no había postecitos, bajé a la tercera y… ¿bingooo? Pues no, sólo línea, porque me recorrí todos los postecitos y llegué desde el B-1 al B-25. Aquí me temo que hay que preguntar, pero dado mi english low level será mejor que lo haga a alguien con pinta de latino, o sea a limpiadoras o mozos. Perdone, ¿la salida A-19?... No, no, si no quiero embarcar, yo lo que quiero es salir del aeropuerto por la salida A-19. Me están esperando en ese sitio. O sea que la sala A-19 está del otro lado. Pero... ¿y la salida?... ¿también esta allí? Dice usted en la otra terminal, al otro lado, terminal A... pues vamos p’allá.

Pasillos y pasillos recorridos a toda leche (thanks brother for borrow me your wheelesbag) y la subida de adrenalina hacen que empiece a sudar a pesar del aire conditionated. Tras unos cinco o seis minutos a la carrera llego por fin a la terminal A, y de nuevo a bajar a la segunda planta... (¡gilipollas, que en la segunda no había postecitos con numeritos!) , y tras mi estúpido error de nuevo a la tercera, uff, soplido, por fin A-1, A-2, A-3… Al llegar al A-19 me encuentro con una furgoneta blanca aparcada y un tipo cerca de ella. Resuelto me dirijo a él en castellano.

Hola, soy Alberto Rodrigo. El tío pone una cara rara como diciendo “pues muy bien majete y yo Charles Driver”, y me suelta una parrafada en inglés. Esquiusmi, bat aidon espikinglis, le digo todo de corrido. El tío va y me suelta otra cosa (yo pillo algo así como looking for, que me suena a canción de los U-2) así que no tengo más remedio que pensar en articular algo más o menos entendible, del tipo: Ar yu güeitin for mí? (todavía no sabía que güeitin en americano se dice güeirin)… pero el tío lo pilla y me dice que no, mientras mueve enérgicamente la cabeza a derecha e izquierda por si no le he entendido. Pero me tranquiliza diciendo que espere, que seguro que llegará alguien. Me lo creo porque necesito creerlo y me siento en un banquito.

A los diez minutos vuelvo a estar desesperado, así que me meto dentro y busco un teléfono… Murphy actúa con su premonitoria ley, porque cuando necesitas algo nunca lo vas a tener a mano, y no veo un fucked phone en toda la sala. Salgo de nuevo y me siento de nuevo. Allí esta todavía el de la furgoneta al que le veo un celular colgado del pantalón. Compongo mentalmente la frase (excuse me sir, can you give me the phone?)... pero cuando la traduzco veo que el tío puede pensar que quiero que me de su móvil... a lo cual se negará, como lo haría cualquiera, (ok, y si le digo: would you call for me, please? a la vez que le muestro el teléfono móvil de Peter escrito en el fax)... sí, eso va a estar mejor, esquiusmi... y en cuanto le señalo el móvil el tío me pide el papel me pregunta algo y yo le indico con el dedo el numerito. Me marca y me lo pasa.

Pet? Oye que soy yo otra vez, Alberto, que aquí no ha venido nadie… ok, pásame con Carlos... Sí, estoy aquí, en la A-19, pero aquí hay un tío aparcado y no me espera a mí, sí, en la segunda planta, junto a las paradas de los taxis... oye tranquilo que mejor me cojo un taxi,... que no? bueno, venga, espero... (el tío del celular me mira porque me he callado pero sigo con la oreja pegada, para disimular miro para otro lado)... de acuerdo que espere aquí, que en cinco minutos vienen a por mí. No han pasado ni tres minutos cuando llega un microbús pequeño con unas letras enormes rotuladas en un lateral: Holiday Inn.

Foto: Sandeep Thukrai

No lo pensé dos veces y, como alma que lleva el Devil, me dirigí al grupito que estaba dejando sus equipajes en la puerta trasera de la furgoneta. El conductor, que iba colocando ordenadamente los trolleys, me miró algo extrañado y me preguntó algo. Dije alto y claro: I go to hotel. No tuve que ser lo suficientemente preciso porque me soltó otra parrafada en ese endiablado idioma. Insistí e insistí, incorporando esta vez el artículo y exagerando el acento : Ai go to the joutel. Él volvió a preguntarme y en su frase final entendí Inn Select? Yes, yes, dije frenéticamente, Holiday Inn Select.

Algo masculló entre dientes pero ya no me importó cuando vi mi valija entre las demás. Fui el último en subir y sólo quedaba un asientito en el centro, de esos que se bajan desde el brazo de los que están más solidamente fijados al suelo. En pocos instantes las conversaciones se cruzaban delante de mi cara a una velocidad espeluznante. No era de extrañar que yo no pillara nada. Lo que sí me resultó extraño era su indumentaria. Los hombres vestían camisa blanca de manga corta con adornos azules en las hombreras y unos pines similares en un lateral de la pechera. Algunos conservaban todavía en su cabeza una gorra de plato con un cordón dorado. Las mujeres llevaban unos pañuelos de colores al cuello y unos sombreritos, algo ridículos, medio ladeados. Mis neuronas actuaron de nuevo y lo comprendí enseguida... era la tripulación de un avión. Me sentí como un polizón recién descubierto y empezó a asaltarme una terrible duda: ¿iríamos todos al mismo hotel, o aparecería sin remedio en el aeropuerto internacional de Kuala Lumpur?

Por suerte el trayecto fue muy corto y en cinco-seis minutos (que a mi estómago le parecieron tuenyfaiv por lo encogido que lo llevaba) estábamos frente al Hotel Holiday Inn Select, en el área del aeropuerto de Orlando, Condado de Volusia, Estado de Flórida (pronúnciese adecuadamente acentúando la o). Mientras el conductor iba distribuyendo las maletas, sus propietarios le iban intercambiando billetes verdes doblados longitudinalmente que el tipo se engarzaba entre los dedos. Como todos los billetes son iguales (de tamaño y color) costaba saber si eran de 1$, 5$, 10$ o de valor superior. En realidad era una simple curiosidad porque no estaba dispuesto a desembolsar una propina después de toda mi particular odisea, así que esbocé mi mejor sonrisa y le dije ZENKIU VERI MACH mientras atravesaba resuelto la puerta automática del anhelado hotel. (To be continued)

4 comentarios:

Lectora impaciente dijo...

Bien, me alegro de no haber tenido que esperar mucho esta vez. Me sigue enganchando y sigo pendiente de las peripecias que puedan ocurrirle en ese entorno "adverso".
Quedo a la espera.

Anónimo dijo...

Jajaja, pero es de verdad... te colaste en un microbús que no era el tuyo?... ¡¡la leche!! quiero más.. jajaja

Anónimo dijo...

Y este finde ¿no hay entrega?

Irene dijo...

Me sigue gustando este relato por entregas. Me veo reflejada en el maremagnum del aeropuerto, no quiero pensar cómo continua.