domingo, 17 de enero de 2010

The Vernor's snores (I) *

* (Based on a true history)

I’m Spanish, I’m 46 years old and I’m married. Past Thursday somebody say me that I may to travel to Florida because nobody can assist an event at Stanton University. So, on Saturday I was flying to Orlando.

Después de unas ocho horas de vuelo llegué a Philadelphia, la ciudad de los quesos, y lo digo porque tienes que pasar la aduana a golpe de calcetín, esto es con tus zapatos metidos en una caja de plástico (¡Oh my God!... tendré algún roto?) junto a tus objetos personales. No es de extrañar que se apodere de la sala el inconfundible olorcillo de decenas de pies humillados. De esa forma, sin monedas, descalzo, despojado de mi reloj y del cinturón (con el consiguiente peligro para mi integridad), entré en este wonderful country.

La conexión no fue mala; después de caminar y caminar por interminables pasillos mecánicos encontré la gate que coincidía con mi tarjeta de embarque. La demora fue de cincuenta minutos, o sea, como en cualquier país subdesarrollado. La verdad se me pasó el tiempo muy rápido porque estuve entretenido reconociendo a todos los personajes que había visto en las películas: la policía negra (perdón... de color... digo... afrodescendiente) enorme, con una talla de pantalón XXXL; el operario de la cinta transportadora, con la gorra beisbolera (con la visera para atrás, of course) y zapatillas de Michael Jordan de 150$; la jubilada Miss Mildred Design, con su pelo blanco y sus gafas de diseño ultramoderno… Hasta aquí todo normal, pero los problemas empezaron al llegar a Orlando. De nuevo andar y andar por pasillos similares, pero esta vez el final desembocaba en una especie de tubo enorme. Todo el mundo esperó y yo también. Todo el mundo se subió a un tren monorraíl elevado y yo, muy decidido, también ("donde fueres haz lo que vieres"), aunque era inevitable tener una especie de hormiguillo en el estómago (where coño irá esto?). El trayecto duró muy poco y al abrirse las puertas respiré: habíamos llegado a la sala de recogida de equipaje (Bag Claim). La maleta no se portó mal, salió terciadita, ni de las primeras ni de las últimas, así que me encaminé relativamente contento to the Exit.

Foto: Michael Gray

But, as already said before, the problems began. El aeropuerto internacional de Orlando tiene tres pisos (hacia abajo, down). La primera planta en la que se encuentran los mostradores, las tiendas y las puertas de embarque; en la segunda, la recogida de equipaje, y en la tercera las agencias de rent car, de hotels y los transportes públicos. Pues bien, por las tres plantas con sus correspondientes 16-18 puertas puede uno salir hacia la calle. Mi sentido racional me dijo que saliera por la segunda planta, exactamente por las puertas en cuya parte superior podía leerse US Airlines. Recordé que en el ultimo correo que recibí antes de mi partida me informaron que una persona estaría esperándome en el aeropuerto, en concreto una becaria, Jenny (estoy seguro que el imaginario colectivo masculino recrea el arquetipo: rubita de ojos claros, con grandes mofletes y sus correspondientes tetas), y ella sabía que yo llegaba en US11 desde Philadelphia. Miré a un lado y otro y ni asomo, no ya de Jenny, sino de ninguna persona humana; esperé unos minutos pero pensé que probablemente estaría en la salida del transporte público, así que me bajé a la tercera.

Salí al exterior y, además del bofetón típico de calor húmedo, allí me esperaban un montón de autobuses y de taxis; sorteé a la gente que esperaba y recorrí de arriba a abajo la acera. Ok, no problem, será en la primera. En la primera había un lío de padre y muy señor mío y me dije que no, que por ahí no veía claro lo de la salida, así que bajé de nuevo a la segunda. Joder... ¿pero es que no hay nadie por aquí? No perdamos los nervios, utiliza la información de que dispones y tu cerebro. O sea que busqué el número del móvil de Pet (The Coordinator) y me dispuse a utilizar la tarjeta de prepago de ATT comprada hábilmente durante la espera en Philadelphia. Jelou!!... Pet? I’m Alberto Rodrigo, from Madrid… no, no, estoy aquí, en el aeropuerto de Orlando. (To be continued)

7 comentarios:

Marta from NY dijo...

Jelou!!!. It,s me, each month and a half! Podremos leer que pasa en Orlando? Conseguirá AR cruzar la f. Exit?

MASJ dijo...

Veo que te lanzas a los relatos por entregas que ademas de dejarnos con la intriga se adaptan tan bien a los nuevos soportes.
Este promete: con ese cosmopolitismo del que vienes haciendo gala, en un híbrido de lenguas y culturas y salpicado de tu característico humor blanco.
Enhorabuena. Gracias. Seguiremos con interés tus peripecias convertido en un atildado "martinezsoria" global.

Cristal dijo...

bueno, muy bueno, me he reido por que transtmite muy bien las sensaciones que todos hemos tenido alguna vez en un aeropuerto
gracias Alberto R

Lectora impaciente dijo...

Entretenido pero ¿para cuando la segunda entrega? Tendremos que esperar como para el segundo libro. Estoy deseando ver como continúa las andanzas del "prota" en el país de la Coca Cola.

Anónimo dijo...

cualquier parecido con la realidad no es coincidencia. Felicidades, muy bueno.
Fdo. Carlos de Cristal

Demonio dijo...

Genial, quiero más!!
No se puede dejar al lector así...
]:)

AR dijo...

Gracias, gracias, queridos amigos y lectores... respondiento vuestras numerosas (y generosas) peticiones hoy mismo colgaré la segunda entrega...