martes, 23 de enero de 2007

Tiempos duros para el porno blando


TIEMPOS DUROS PARA EL PORNO BLANDO
Alberto Rodrigo


Cuando llegó a las puertas de Diamond Studio preguntó directamente por el casting de Ferraro.
–¿Me dices tu nombre? –le dijo una señora de mediana edad con pinta de funcionaria.
–Me llamo Cox... Michael Cox –respondió imitando el acento del famoso agente secreto.
–Por Cox no me viene nadie... ¿o es con “ka”?
–Mire a ver por García, Miguel García.
–¡Ah sí, aquí está! eres el siguiente. Sientáte, ahora te llaman.

Se sentó en un sofá blanco de diseño, tal como le indicó con la mano la funcionaria, a quien imaginó también dando sus primeros pasos en el sector. Para preparar su currículo había ido intercalando una relación de sus películas ordenadas por años, en la que se incluían título,director, productora y distribuidora, junto con carátulas de los videos de las mismas. "Vergas juguetonas para conejitos hambrientos", "Rabocop II" y "Límite: 48 polvos" habían sido sus últimos trabajos. Al final del dossier, más de una docena de fotografías completaban lo que se denominaba el book. Al repasar el álbum una mezcla de orgullo y nostalgia se apoderó de su corazón y quizá también de su estómago. Cada vez lo tenía más difícil, no ya por los chavales que empezaban sino porque el mercado se había ido escorando hacia lo más duro. Pero ahí estaban sus más de cincuenta películas en sus veintimuchos años de profesión.

Miguel empezó allá a principios de los setenta, recién cumplido el servicio militar, y en poco más de dos o tres años pasó de secundario a protagonista. Su melena rubia y sus ojos claros, herencia de la abuela de Carballino, le lanzaron pronto al mercado europeo. Fue una época en la que franceses y sobre todo italianos, se lo rifaron. Tenía éxito con las chicas y todas querían trabajar con él, quizá por su rostro aniñado, por su cuerpo delgado y fibroso, o por la delicadeza que tenía con sus partenaires. El caso es que Michael se convirtió en una estrella de las películas “S” y del porno blando y fue el compañero habitual de Cinthia Lovers, Emma Nuelle o Amanda Bubs. Aunque pocos podían superarle en el panorama nacional hacía ya más de siete años que no trabajaba. Por eso agradecía, de una manera especial, que Ferraro se hubiera acordado de él.

–Pasa Miguel, te vamos a hacer una prueba.
–¡Pero hombre! una prueba ahora... ¿crees que es necesario?
–Venga no te mosquees, es una formalidad, pero hay que hacerlo.
–¿Me quito la ropa?... ya sabes que no solía mostrar el miembro, y ahora con los años....
–¡No, hombre no! Tú mira a la pantalla, ponte los cascos y acompañas las escenas... ya me entiendes... siempre tuviste una buena voz y un algo especial para interpretar los orgasmos.